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11月18日
La realidad del otro y la agresión social
por: Gary Gutiérrez

Lo que más le molesta al sistema, es que “el otro” le estruje su realidad en la cara diciéndole “esto es lo que tu orden social produce”.
La pasada semana el país casi infarta ante el descubrimiento de un video en el que unos jóvenes del residencial Chavier de Ponce dramatizan unas “estampas “ de su diario vivir.
En la grabación, los jovencitos y niños actúan y representan la forma en que en esa comunidad se resuelven los conflictos, se manejan las controversias y se sobrevive diariamente.
Ante el documento gráfico, las autoridades del país, tuvieron dos respuestas.
Por un lado, la policía asumió una actitud típica conservadora de represión y de inmediato comenzó la búsqueda de un culpable para fijarle responsabilidad criminal por la producción.
Es decir, como sacerdotes de la ley y el orden, salieron a buscar un chivo expiatorio para ofrecer a los “dioses” y así subsanar la ofrenda restableciendo el balance al sistema.
Lo otra respuesta, que se produjo un poco después, vino del Departamento de la Familia.
Igualmente típica, estas funcionarias propusieron intervenir para “ayudar” a que estos jovencitos puedan rescatar a tiempo y se rehabiliten antes de que se conviertan en “verdaderos delincuentes”.
Sin embargo, nadie aparenta detenerse y hacer un esfuerzo por entender que es lo que estos jóvenes realmente hicieron y que fue lo que comunicaron con su producción.
Al contrario, en una acción que el criminólogo británico Jock Young llamaría “bulimia” social, el sistema lo que trata de hacer es que expulsar a estos jóvenes para que regresen a la marginación y a la invisibilidad social a las que se le condenó por nacimiento.
Al mismo tiempo y para dar el ejemplo, el sistema busca castigar la soberbia acción de perturbar el mundo de la “gente decente” exponiéndoles a esa otra realidad que se supone solo veamos cuidadosamente construida en los medios de comunicación “serios”.
Al mirar la respuesta estatal al incidente, no se puede llegar a otra conclusión que no sea que el sistema se siente agredido por estos jóvenes.
Nadie puede pensar que el gobierno y sus funcionarios no saben que esas situaciones son las que a diario se viven en los caseríos. Así que eso no puede ser lo que les molesta.
De igual forma nadie puede decir que la producción comunitaria tiene más violencia que cualquier producción salida de las corporaciones, sean estas películas de cine, series de televisión o juegos de video.
Por tanto, la violencia tampoco puede ser lo que les molesta.
Ante esta situación cabe la pregunta, ¿si en vez de exponer su realidad, el video de estos jóvenes fuera sobre el cañaveral, los jibaros, el capataz y la central, causaría la misma reacción?
Al fin y al cabo, la relación de poder y explotación en el cañaveral no era menos violenta que lo dramatizado en la rustica producción.
Lo que molesta del video no es la violencia, ni siquiera es la realidad que presenta. Lo que molesta del video es que es un discurso contestario que “agrede” al sistema.
Esta no es la interpretación de una blanquito que va ala caserío a filmar. Es el mismo, “el otro” quien le deja saber al sistema como él se define.
Para entender mejor este incidente se puede ver el mismo al crisol de la criminología cultural, una de las nuevas tendencias en el pensamiento criminológico.
Los expositores de esta teoría explican como ante la marginación, “el otro”, es decir el que no pertenece, el etiquetado como criminal, vago, inculto, etc., no solo adoptara la etiqueta impuesta socialmente, sino que exagerará la misma para agredir así a la sociedad que lo margina.
De esta forma, el rapero, el caco, el gótico, el joven del residencial adoptan los mismos íconos que la sociedad le define como negativo para “agredir”, aunque solo sea de forma visual, a la sociedad.
Mirando este video desde esta perspectiva es fácil de entender la reacción social y estatal.
Es la respuesta típica de un sistema que tras mucho esfuerzo por mantener unos sectores invisibles, “se le escapa el gato de la canasta” como reza un dicho estadounidense.
En fin que el video no es otra cosa que el sonoro grito de un sector que se supone que no tenga voz.
Entiéndalo esta o no, eso es lo que verdaderamente le molestó a la sociedad.
10月21日
Tita Arroyo: una heroína del sazón y la cuchara
Texto y fotos por Gary Gutiérrez Especial para La Perla del Sur
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Si se observa el Food Channel, El Gourmet, Hell’s Kitchen, Iron Chef America, Chopped y Throwdowns, entre otros, es fácil percibir que el mundo de la cocina se tornó en uno de celebridades y figuras mediáticas durante el siglo XXI.
El cocinar profesionalmente, que siempre fue un oficio de marginados, ex convictos y minorías raciales, ahora parece ser una forma de alcanzar estatus de semidioses en un panteón de contratos, entrevistas, publicaciones de libros, endosos de productos y mercadería que hoy definen a estas celebridades del delantal y la espátula.
Visto desde la perspectiva del sociólogo Rubén Dávila Santiago, ese estatus de celebridad, como el que hoy ostentan estos chefs, no es otra cosa que el resultado de un proceso de reconocimiento meditativo hueco que colapsa ante la figura del verdadero héroe producto del sacrificio, el valor y la entrega.
En contraste con las imágenes de gigantes mediáticos como Bobby Flay, Emeril Lagasse, Paulan Deen, Alton Brown, Michael Simon y nuestro Roberto Treviño, todos los días se levanta un ejército de verdaderos héroes culinarios que desde horas de la madrugada abandonan a sus familiares para que al mediodía, la mayoría de nosotros podamos gozar de las delicias de la culinaria criolla nacional.
Una de esos gigantes de la cocina criolla en Ponce tiene que ser Tita, la aplaudida cocinera de Café-Café.
Madre de cinco hijos y abuela de cuatro, el día de Carmen Arroyo -nombre de pila de Tita- comienza tras un “buche” de café a las 6:00 de la mañana, antes de tomar un carro público que la lleva al casco histórico de Ponce.
Una hora más tarde, más o menos, la cocina de Café-Café toma vida en preparación de lo que se convertirá en el almuerzo de las docenas de comensales habituales del local.
“Llego y cotejo qué hay y qué me invento para mover los productos en la cocina”, dice.
Con su eterna y picaresca sonrisa, explica que en Café-Café ella cocina como siempre lo hicieron las madres boricuas.
Estirando el peso, inventando, viendo cómo puede mover este o aquel producto que está lento y “con mucho amor” como aprendió de su abuela, quien a los nueve años de edad un día la llamó a la cocina y le dijo “hoy aprenderás a ablandar habichuelas”.
Esa fue una epifanía para Tita.
A partir de ese instante supo que su lugar era frente a la estufa y que su llamado era cocinar para los demás.
Pasado el tiempo y sin más entrenamiento que lo observado en la cocinilla de su abuela, el destino la llevó a la cocina del legendario restaurante ponceño ‘El Bohío’, donde sustituyó a una amiga lavando platos.
El humilde puesto de entrada a la cocina le sirvió como punto de observación, desde donde aprendió las interioridades del más criollo de los menús en la ciudad.
Y poco tiempo pasó cuando Tita comenzó a ocupar responsabilidades de primer orden en la bien engrasada y caótica rutina de la cocina.
Hoy, con los galones ganados en miles de batallas a la hora de almuerzo, es dueña y señora del espacio culinario de Café-Café.
Si bien Tita tiene ‘Mano Santa’ para todo lo criollo, es friendo donde esta juvenil abuela demuestra las destrezas de la tradición.
Entre sus delicias fritas se destacan los chicharroncitos de pollo, delicia para los grandes y fascinación de los más jovencitos.
Estas tiritas de pechugas son marinadas por 24 horas en una mezcla de especias secas y empanadas al momento con galleta molida sazonadas al gusto de Tita.
Para rematar, se presentan con arroz y habichuelas, mamposteaos, tostones o papitas fritas, hechas en casa y nunca congeladas, por supuesto.
Como dirían los maestros Zen, la belleza está en la simpleza del plato y en el amor que Tita le brinda a cada producto de sus manos.
Al preguntársele cómo compara lo que ella hace todos los días con ese glamoroso mundo de los ‘chef celebridades’, deja escapar una tímida sonrisa y como si volviera a ser la niña de nueve años que vela por las habichuelas de su abuela, explica que ella no sabe hacer otra cosa, pero que cuando cocina, reafirma lo que somos y nuestra tradición.
Tradición que espera que algún día su nieta -hoy tiene seis años e hija de un chef internacional en los Estados Unidos- le pase a sus hijos.
En fin, que probablemente nunca veamos a Tita enfrentándose a Bobby Flay en Iron Chef América.
Pero de lo que sí podemos estar seguros es que a la hora de preparar comida criolla “como Dios manda”, el orgullo neoyorquino jamás logrará guisar unas habichuelas que -remotamente- comparen con las de Tita.
Máxime cuando Tita las puede preparar mientras atiende los miles de problemas que vienen con el rol de matriarca de cinco hijos y cuatro nietos.
Por eso se dice que una cosas son las celebridades… y otras los héroes.
¡Buen provecho!
7月23日
La gripe altera los patrones de interacción social
Algunos municipios han cerrado operaciones ante la incertidumbre
http://www.elnuevodia.com/lagripealteralospatronesdeinteraccionsocial-595143.html
Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com
Unos reaccionan incrédulos, otros con pánico y algunos simplemente se muestran un tanto preocupados ante la posibilidad de un contagio con la influenza AH1N1.
En ocasiones las reacciones son extremas. El alcalde de Cataño, José Rosario Meléndez, por ejemplo, cerró el municipio hasta el próximo martes 28 de julio ante la amenaza del virus. En Ponce, el ayuntamiento cerró facilidades públicas como el Polideportivo Francisco Colón Alers en la urbanización Los Cobos y tres gimnasios municipales, para evitar contagios.
Estas medidas, sin embargo, no son las más comunes. Actividades programadas, como el aniversario del Estado Libre Asociado que se llevará a cabo el sábado en San Germán, no han sido suspendidas, aunque los organizadores repartirán mascarillas y desinfectantes.
Y es que lo menos que ha causado esta epidemia es un cambio en los patrones de conducta en las personas, según coincidieron varios expertos.
Las alteraciones varían entre las más simples, como el recomendado lavado de manos constante, hasta las más significativas en los hábitos de conducta, como es evitar el contacto directo entre personas y hasta evadir las salidas innecesarias de los hogares.
No se trata de una situación de histeria colectiva. Las medidas más bien responden a la incertidumbre que la epidemia impregna a los individuos, explicó el sicólogo clínico Manuel Bahamonde. “Ahora mismo ir a trabajar o participar en un juego de baloncesto se percibe como un riesgo de contagio”, señaló el sicólogo.
Precisamente, las actividades recreativas son las más que se afectan, señaló el sociólogo Manuel Torres Márquez. “(Los cambios en patrones de conducta) se ven, por ejemplo, en las playas. Hay menos gente en las playas, cuando usualmente para esta época están llenas”, dijo el sociólogo.
Socialización virtual
La internet ha sido un sustituto, hasta cierto punto, de la necesidad de socialización, señaló. De hecho, en redes sociales como Facebook se han creado numerosos grupos inspirados en la pandemia, en los que se discuten temas de prevención, determinaciones gubernamentales sobre la gripe y hasta las supuestas conspiraciones económicas detrás de esta pandemia.
En este flujo de información es que surge el escepticismo en torno a cuán grave es la situación que atraviesa el País. El sociólogo Gary Gutiérrez opinó que los gobiernos y los medios de comunicación en ocasiones trastocan o exageran la realidad de las crisis, para desviar la atención de otros problemas de igual o similar importancia para el País. Señaló, por ejemplo, en el área de la salud, la prevención del dengue, que ha sido dejada a un lado.
“Esto, a pesar de que lo único que podemos hacer para protegernos de este virus, en esencia, es mejorar la higiene”, dijo el sociólogo.
Torres Márquez señaló que este escepticismo surge también debido a la limitada información que el gobierno ofreció inicialmente sobre la influenza.
“Hubo mucho hermetismo al inicio. Era una impericia al informar lo que estaba pasando. Deben establecerse formas para auditar la información que ofrecen las autoridades. Hay muchas reservas cuando se trata de situaciones como estas”, señaló Torres Márquez.
Bahamonde recalcó, por otro lado, que este tipo de crisis tiene manifestaciones cíclicas. Se perciben tanto con brotes de virus, bacterias o con el paso de eventos atmosféricos grandes como tormentas o huracanes.
De hecho, parecido a los huracanes, este tipo de adversidad fomenta la unión de los núcleos familiares, ya que crea un ambiente de cooperación y solidaridad.
El problema que puede causar es que en algunos casos particulares las personas pierdan su estabilidad mental, al punto de que sientan que no tienen el control de sus vidas, dijo Bahamonde. 7月1日 De multicolor a blanco: casi medio siglo de trazos
Por Gary Gutiérrez Especial para La Perla del Sur

Corría el año 1967 cuando el entonces joven industrial Salvador “Chiri” Vassallo detuvo su carro frente a una humilde casa del barrio San Antón, atraído por la imagen de un joven negro que pintaba sobre un canvas en el balcón.
El adolescente manejaba el pincel y reproducía en la estirada tela su entorno social, partiendo de los conocimientos recibidos de sus maestras Nilda Monsanto y Carola Colom Covas.
Cautivado y movido por la pasión artística de aquel joven, el industrial “movió” sus contactos para conseguirle una beca de verano en la Escuela de Artes Plásticas en San Juan.
Es así que el hoy consagrado artista plástico ponceño, Wichie Torres, logró su gran oportunidad para estudiar y desarrollar su pasión, la pintura.
Dos años más tarde, sus ansias de desarrollo lo llevaron a la Gran Manzana, donde -estudiando bajo la tutela del español Rafael López Sustachi- comenzó a vender sus creaciones y a verse a sí mismo como un artista profesional.
“Allí vendí mi primer trabajo. Se llamaba ‘Pelea de Gallo’ y me la compró Badillo, el congresista. Me pagó $200”, explicó con mucha satisfacción.
La segunda oportunidad
Mientras laboraba en la ciudad de Nueva York, recibió noticias de que la Universidad Católica organizaba un concurso y que ofrecía una beca de cuatro años para el ganador.
“Como yo estaba por allá, no tenía forma de enviar una muestra y que llegara a tiempo”, recordó Wichie.
A pesar de ello, el artista finalmente entró y ganó el concurso con una pieza que hacía años le había regalado a don Florencio -el conserje de la Ponce High- y quien muy amablemente se la prestó para someterla.
Gracias a esa beca, se expuso a una educación formal y alcanzó su bachillerato.
En ese momento, su trabajo se caracterizaba por temas costumbristas y por paisajes, especialmente campiñas enmarcadas por coloridos flamboyanes.
Corría la década del 1970, las luchas sociales y la revolución de la contra cultura dominaba el mundo del arte, por lo que las obras de Wichie eran vistas como “comerciales” y “simplistas”.
“Pintores de cromos nos decían”, recordó además, mientras aclaraba que aun así, sus cuadros se vendían mucho.
Las críticas no le afectaban tanto, pues según explica, hacía lo que más le gustaba, documentar y rescatar el recuerdo de su feliz niñez en el barrio San Antón de Ponce.
Si algo caracterizaba ese recuerdo fueron los colores brillantes, típicos de las culturas afrocaribeñas.
“El color estaba en todos lados, en las casas, la ropa, los jardines, los altares... cuando único la gente se vestía de blanco o de negro era pa’ los funerales”, continuó.
Impacto de una tragedia colectiva
La década del 1980 trajo nuevos triunfos, pero también nuevos paradigmas para Wichie, como persona y artista.
Consagrado como un artista plástico con galardones que incluyen visitas a la Casa Blanca y cenas con el presidente Ronald Reagan, la vida y visión estética de Wichie cambió la noche del 7 de octubre de 1985.
Tras intensas lluvias, miles de personas -entre las que se encontraban algunos de sus compañeros de la escuela superior- yacían muertos bajo la montaña de lodo que arropó a la comunidad Mameyes en Ponce.
El evento le impactó de tal manera que toda su visión estética se tornó oscura, dramática, violenta.
Cuadros nocturnos cubiertos por una capa de pequeñas rayas blancas evocaban la tragedia.
Sin embargo, y a pesar de su tristeza, fueron estos trazos los que demostraron que Wichie no era sólo un “pintor de cromos”.
Mas al cierre de esa década fue por un error que volvió a cambiar su estilo y a desarrollar una nueva propuesta.
“Estaba pintando y se me derramaron unas gotas de color sobre el canvas. Me llamaron la atención, pues una parecía un triángulo y como que le daba dimensión al cuadro. Así nació el estilo de los triángulos”, recordó.
Esta nueva proposición artística, empero, no sólo era una nueva técnica. Era un nuevo contenido.
Regresaron los colores brillantes y los temas pueblerinos, pero esta vez más bohemio.
Escenas de clubes nocturnos con voluptuosas mujeres dominaban la plástica artística de Wichie.
La tragedia: ahora personal
La última década del siglo XX trajo nuevos retos al pintor ponceño. Con sólo 40 años, su corazón lo traicionaba y lo colocaba de frente a la muerte.
Arrancado de sus manos por la maravilla de la ciencia y con un corazón de “segunda mano”, volvió a pintar.
Lejos de ser trabajos tristes, sus pinturas en esta época se tornaron más brillantes y complejas.
Utilizando peces como bloques de construcción de las figuras, su pintura se transformó en un trabajo multidimensional, donde la combinación de pequeños animales acuáticos daban vida a las figuras deseadas.
Con la picardía y jovialidad que lo caracteriza, confiesa que la técnica de los peces surgió también por un error.
“Estaba pintando, se me fue el pincel y salió como un ojo de pez. Me di cuenta que se veía interesante, así que por ahí me fui”, rememoró.
Diez años más tarde, y con otro corazón nuevo -el segundo que le implantaron- Wichie volvió a evolucionar como artista.
Su obra ahora era madura, los temas seguían siendo los mismos -quijotes, mujeres voluptuosas y placeres como el vino, la comida y las fiestas- pero esta vez, la técnica se centraba en fuertes trazos producto de la espátula.
Por supuesto, los colores brillantes de su amado barrio de San Antón permanecían constantes, aunque eso también iba a cambiar.
“Blanco”
A sus 57 años, con tres corazones en su historial médico, además del padecimiento de gota y otras dolamas… con sobre cinco mil cuadros producto de sus manos, 400 exposiciones y más de 250 reconocimientos y premios a su haber, Wichie ahora enfrenta un nuevo reto.
Sus ojos se cubren con un velo que le reduce su capacidad de distinguir los colores.
Pero como aquel caballero de triste figura que protagoniza muchos de sus cuadros, el artista no se rinde.
Por el contrario, utiliza su adversidad personal para reinventarse y generar una nueva oferta.
Una propuesta permeada ahora por el blanco, por colores pasteles y los grises claros que dan vida a sus temas de siempre: los quijotes, las mujeres fuertes y los placeres de la vida.
De eso dan fe los casi 50 años de trabajo artístico.
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Inunda de blanco la espátula y el pincel
Por Gary Gutiérrez Especial para La Perla Del Sur
“La maldición blanca”, dramático término utilizado por el inmortal José Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera”, describe un misterioso velo luminoso que le cerró la visión a los habitantes de una ficticia ciudad en un país desconocido.
Aquella trágica condición visual redujo a los ciudadanos -de bien o delincuentes- en animales salvajes, protagonistas y víctimas de las más negras aberraciones y sufrimientos.
Paradójicamente, una similar situación ataca la vista del artista plástico ponceño Wichie Torres.
Sin embargo -a diferencia de los personajes de Saramago- el velo que reduce la percepción a los colores no ha destrozado el espíritu y la humanidad del pintor oriundo del barrio San Antón.
Al contrario, esta nueva forma de ver da paso a una novel propuesta plástica que produce resultados dramáticamente opuestos a los descritos por el premio nobel portugués.
Producto de sus múltiples dolencias físicas -que incluyen dos trasplantes de corazón, gota y acido úrico- desde hace más de un año Torres ha venido perdiendo su capacidad de percibir y distinguir los colores.
La otrora brillante y diversa paleta de matices afrocaribeños -los cuales por más de cuatro décadas definieron el sello de Torres- se ve ahora reducida a blancos y tonalidades de grises y marrón, explicó el siempre jovial pintor a La Perla Del Sur.
“¿Ves ese rojo? Yo sé que es rojo, pero lo veo Brown y esos azules los veo en tonalidades de grises. Los amarillos y esos colores cercanos los veo blancos”, dijo usando de ejemplos algunos de los cuadros almacenados a su alrededor, como niños que se acomodan en torno a su padre.
De igual forma, la condición le abrió la puerta a nueva una gama tonalidades de blancos, los que cada vez toman un papel protagónico en sus trabajos.
No obstante, y a pesar de las señaladas diferencias cromáticas, el característico sello del maestro ponceño es fácil de reconocer.
Utilizando los fuertes y característicos trazos de la espátula, las nuevas pinturas de Wichie -como todo el mundo le conoce- encarnan los temas que por las pasadas décadas han dado vida a la prolífera obra plástica del cincuentón pintor.
Entre estos se destacan interpretaciones sobre el Quijote, el caballero de la triste figura, cuyas esbeltas líneas son parte de la obra de Wichie desde hace más de 30 años.
De igual forma, la voluptuosidad de la fuerte mujer descendiente de las madres africanas también surge de las dramáticas texturas casi monocromáticas resultantes de la espátula y el pincel.
Por supuesto, los epicúreos placeres del vino y el buen comer -temas omipresentes tanto en su carrera como en su vida- también asumen un rol prominente entre las 60 piezas que hasta ahora componen su nueva cosecha.
Propuesta que se siente como en casa colgando en las paredes de la nueva sede de La Bodega de Méndez en el Centro Histórico de Ponce.
La tenue iluminación de lugar, así como el sobrio y elegante espacio perfectamente diseñado para la protección y el cuidado del vino, las complementan de maravilla, mientras fungen como galería perfecta para estas obras que sirven de “ventanas” luminosas de paz y tranquilidad, que balancean la atmósfera del local.
Es precisamente esta paz y tranquilidad lo que Wichie pretende compartir con su pintura y sus seguidores, en este momento de su vida.
Si para los residentes de la desconocida ciudad descrita por Saramago la ceguera blanca fue la más terrible de las maldiciones, para la historia del Arte en la ciudad de Ponce, esta blanca propuesta de Wichie puede ser una de sus más interesantes bendiciones.
6月23日
“El fracaso es de la sociedad misma”
Urgen cambios a los modelos anticrimen
Operativos, arrestos, drogas, armas... Como la marea, por momentos sube y baja, pero no acaba. Otras personas ocupan los puestos de mando, luchan por el control de los puntos de droga y se repite el ciclo delictivo.
Es un mal que ha azotado al País por los últimos 30 años y que seguirá repitiéndose a menos que se cambie el enfoque con que se trabaja el problema del narcotráfico y el crimen, coincidieron ayer varios expertos.
“Hoy se llaman el Ángelo Millones (el presunto narcotraficante Ángel Ayala) y mañana será otro, con otro nombre”, señaló Gary Gutiérrez, profesor de criminología en la Universidad Interamericana en Ponce, en reacción a un artículo publicado en este diario sobre los capos que controlan el trasiego de drogas en la Isla.
No hay una varita mágica que resuelva del todo esta problemática del tráfico de drogas y el crimen. Pero sí modelos que pudieran atenuarla significativamente, señaló José Vargas Vidot, director de Iniciativa Comunitaria.
Dijo que lo ideal es que se aborde desde distintas disciplinas y que se reenfoque la discusión. “La adicción, que mueve la economía de las drogas, es un problema de salud mental, no uno de índole criminal”, aseguró el galeno.
“Si se disminuye la demanda (por las drogas) desarrollando buenos planes de acceso a tratamiento puede ayudar a resolver el problema. Lo otro es descriminalizando toda esa actividad relacionada al consumo de drogas. Es importante que hagamos alto al mercadeo del miedo... La medicación, que no es legalización de la droga, es un área que se debe proponer”, dijo Vargas Vidot.
“Estamos hablando de que la mitad de la gente en la calle se iría. Se le quita el poder a los puntos de drogas, se quitan las ganancias, se reducen los negocios y disminuye el crimen que generan... Esto se ha probado en países en que se ha implementado la medicación. Por alguna razón aquí hay resistencia para implantarlo y no se quiere cambiar el sistema”, dijo, por su parte, Juan Panelli, director de “ Amor que Sana”.
Un cambio radical
En tanto, la medicación es un cambio radical al sistema punitivo en el que se impulsa el castigo y hasta, en algunos sectores, se promueve la eliminación de derechos civiles a las personas involucradas en el narcotráfico, dijo Gutiérrez.
“Eso se ve cuando hay situaciones dramáticas de crimen. De inmediato la frustración nos lleva a pensar que hay que quitar derechos para facilitar el proceso de encarcelamiento, pero esa no es la respuesta. Nadie se beneficia quitando los derechos civiles, que costaron sangre. Además, el problema es de salud mental”, agregó.
Para Vargas Vidot, la raíz de todo el asunto es la desigualdad social, que no da opciones de desarrollos para algunos sectores de la sociedad.
“Esos personajes que vemos en el narcotráfico no surgen porque en sus inicios sean personas malas, sino porque se les vendió un proyecto social que no eran viable para ellos. Son personas que tienen capacidades por encima de lo normal, inteligentes, pero con pocas destrezas sociales, totalmente excluidos de posibilidades de éxito en otros renglones... El fracaso es de la sociedad misma”, dijo Vargas Vidot.
“Si llevamos 100 años haciendo lo mismo y no hemos podido controlar el asunto es lógico tratar otra cosa. Sólo un idiota sigue tratando hacer lo mismo pero con resultados diferentes... ¿Por qué Álex Trujillo o Ángelo Millones están en esa industria y no están en un negocio lícito? Probablemente tuvieron la oportunidad con la droga y no tuvieron oportunidades distintas”, dijo, por su parte, Gutiérrez.
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